CUENTO N° 1

—¿Estás seguro de lo que estás a punto de hacer?— preguntó Fred
—En mi vida he tenido momentos de seguridad, confiar en mis decisiones me han llevado hasta donde estoy, pero el sentimiento que tengo ahora es incomparable, es una sensación que nunca he tenido. Siempre he imaginado el momento en que tome esta decisión y es tal como lo estoy sintiendo. Ha llegado la hora, mi amigo.
—Pero Terran, ¿Tu esposa? ¿Tus hijos? ¿Tus empresas?—continuó Fred
—Ellos entenderán, Betsabé es una mujer increíble, ella se encargará de las empresas, con tu ayuda, claro. Mis hijos y ella sabían de mis planes, sabían que algún momento llegaría y que debían estar preparados para apoyarme. Lo que estoy haciendo es completamente necesario, es la continuación de mi camino, es para lo que he trabajado tanto tiempo.
—Entiendo Terran, entonces, ¿qué es lo que sigue?
—Pues mañana viajo, solo faltaba despedirme de ti.

Este cuento es una secuela de Origin 42

Su instinto le decía que tenía que correr. Miraba a sus compañeros huir despavoridos, ella solo tenía que seguirlos. Delante del grupo se encontraba el alfa, quién era seguido por todos, decidiendo por cuál camino ir. Quizás él solo pensaba en sí mismo, los demás lo seguían casi inconscientemente. Ellos sabían en qué se habían metido, morir devorado por una bestia era cosa de todos los días. Pero algo en sus cabezas les decía que seguir al líder les permitiría seguir vivos. Pude reconocer a solo un ser femenino en ese grupo, lo supe por su contextura física. Los demás eran más grandes y peludos. Y ni hablar del alfa, que era un digno ejemplar de su especie.

Estos últimos días han sido terribles. A mi edad, creí que ya había aprendido a ser fuerte. Ya veo que no. No solo me he decepcionado a mí mismo, sino también a los demás. Le he fallado a mi niño interior. Recuerdo haber sido muy tímido y miedoso de pequeño. Veía películas de Clint Eastwood para incrementar mi hombría. Al parecer, las películas western que vi no fueron suficientes. Lo peor es que yo creí que ya estaba preparado. Creí saberlo todo. Me equivoqué. A lo largo de mi camino me he enfrentado a muchos inconvenientes y caído en tentaciones. No sé en qué momento mi percepción del bien y el mal se distorsionaron.

Seguramente cuando les llegue este mensaje, nuestro planeta ya estará destruido. Hemos enviado muchas personas en distintas naves hacia nuestras bases secretas, alojadas en estrellas que seguramente los Tositas no tardarán en rastrear. Todos nosotros tenemos la misión de sobrevivir a toda costa. Pero ustedes, tienen un deber aún más importante. Están en una nave, único en su tipo, con tecnología que ninguno de nuestros enemigos conoce aún. Deben encontrar un planeta que reúna todas las condiciones necesarias para nuestra existencia. Ustedes sabían que ésto iba a pasar tarde o temprano. Sabemos que están preparados. Confiamos en que encuentren nuestro nuevo hogar pronto y envíen la señal a nuestros hermanos escondidos que han hecho todo por sobrevivir. Fernanda y André, el destino de la humanidad está en sus manos.

¡Ah! Me olvidaba, los genes de Tiny están en el laboratorio de la nave, asegúrense de su supervivencia también, no podríamos vivir sin ellos.

Svens

Arturo no tenía muchos recuerdos de su padre. Recordaba que solía ir a pasear con él de vez en cuando, que jugaban juntos cuando podía y que lo veía entrar a su laboratorio todos los días. No más que eso. Su padre falleció cuando él tenía solo 10 años. Fue asesinado, y nunca se supo quién lo hizo. Arturo solía pensar en lo duro que debió ser para su madre soportar el escándalo de aquel acontecimiento. Su padre era un conocido científico, y el no poder descubrir al asesino solo añadió más morbo a la situación, que fue aprovechado por la prensa internacional. Eventualmente las aguas se calmaron, pero el dolor para la madre y el niño Arturo nunca desapareció.

Cristina pensó en contarle a sus amigas, pero tuvo miedo de que pensaran que estaba loca. Era el cuarto día que veía a dos hombres, de apariencia muy extraña, observándola desde distintos lugares y momentos del día. Ya sea en la universidad o fuera de ella. Empezó a tener miedo, ¿eran secuestradores o violadores?, ¿o quizás solo era coincidencia y ella estaba dramatizando demasiado las cosas?. La verdad es que ella ya no podía pensar en otras cosas, ya no lograba concentrarse. Algo malo podía llegar a pasarle. A diario veía noticias terribles en la tv y sabía que nadie estaba a salvo. Pero ¿por qué ella? Qué mala suerte, pensó. Ella había tomado todos los cuidados posibles, no salía a fiestas hasta tarde, no se embriagaba ni salía con desconocidos. Siempre había cumplido las órdenes de sus padres al detalle y ahora la vida le paga con dos hombres acosándola. O al menos eso creía.

Alfonso abrió los ojos. Vio hacia arriba y no pudo ver el cielo, literalmente. Pudo notar de que no estaba en el planeta tierra. Solo le bastó unos segundos para entender dónde estaba. A su mente llegaron imágenes de su hijo agarrando su mano. Pudo recordar que no tenía fuerzas para abrazarlo. Ya todo estaba muy claro, hace unos pocos minutos, él estaba agonizando.

El tipo dijo “Estoy muerto, jaja”.

“Si tuvieras la oportunidad de tener sexo con la profesora… ¿lo harías?” preguntó Carlos a Enrique, a lo que respondió “Depende, depende del momento”.

“¿Cómo que depende?”

“Depende de si ella quiere y si yo quiero. Hay muchos factores, nunca sabes qué puede pasar”

“jaja, y ¿cómo sabes qué puede pasar si nunca has tenido esas experiencias? Todos sabemos que aún eres virgen”

“Casto”, corrigió Enrique

“Es lo mismo”.

Las alarmas no habían sonado todavía. Los guardias ni siquiera tuvieron tiempo para ello. Todo fue muy rápido. En la sala se oían los llantos de algunas personas, entre ellos la madre y la viuda. Los sirvientes no sabían qué hacer. Unos hombres estaban reunidos discutiendo sobre lo que había pasado, se les veía muy preocupados, molestos y sorprendidos. La noticia no tardó en salir de casa. Las ciudadanos ponían al noticiero y la televisón nacional no tenía otra opción que confirmar el rumor. El presidente de Corea del Norte había muerto.