Escribo esta entrada el mismo día en que Alan García, ex presidente del Perú, se pegó un tiro en la cabeza. A lo Kurt, a lo Hemingway. Lo único que tienen en común estos personajes es la manera de suicidarse. Kurt, un gran músico grunge, compuso exitosas canciones y dejó un legado para las futuras generaciones amantes de su música. Hemingway, autor de maravillosas novelas, es considerado uno de los mejores escritores de la historia. Alan García, abogado y político peruano, elegido dos veces como presidente del Perú, es considerado “el delincuente más cobarde de la historia del país” por gran parte de la población, que actualmente no saben si celebrar o guardar luto por su muerte.

Queda claro, entonces, que no somos más que lo que dejamos en este mundo. Nuestra estancia aquí es pasajera, pero el recuerdo que dejamos es eterno. De nuestras acciones de hoy depende el honor de nuestro nombre.

Si vivimos de acuerdo a nuestros principios, si velamos por el bienestar propio, el de los demás y el de la naturaleza, entonces estamos haciendo lo correcto. De esa manera, cuando pasemos por los últimos segundos de conciencia en nuestra agonía, nos habremos dado cuenta que nuestro paso por este mundo no ha sido en vano, que hemos dado siempre lo mejor y que hemos dejado una grata impresión.