En Noviembre del año pasado una amiga de twitter me avisó de un concurso de Novela corta del BCRP:

Me pareció una maravillosa oportunidad y decidí finalmente realizar una de mis grandes metas, una de las que he estado postergando durante años. Yo ya había escrito varios cuentos y poemas, por lo tanto, me sentía preparado para este reto.

Como tenía aproximadamente 3 meses para entregar la novela, pensé en avanzarla poco a poco. A veces escribía un capítulo y luego lo dejaba por una semana, otras veces, escribía dos capítulos y lo dejaba por dos semanas. Yo estaba confiado, pues pensaba que uno o dos días completos de inspiración y dedicación bastaban para terminar la novela. GRAN ERROR. 

A 5 días de presentar la novela, yo estaba en la página 40 de las 150 mínimas aceptadas. No fue hasta que faltaban dos días que me di cuenta de que estaba muy equivocado, y que había aprendido una lección muy valiosa. Escribir una novela no es para nada fácil. Aún así, logré la proesa de escribir lo que restaba de la novela y entregarla en el último día del plazo permitido, pero a costa de no haber dormido casi nada durante los últimos tres días. Incluso fue la primera vez, a mis 21 años, que tomé un RedBull. Ni siquiera en mis trabajos de la universidad me había esforzado tanto, pues allí estaba más acostumbrado a presentar trabajos(en su mayoría) de sólo 20 páginas con contenido sacado del internet. Para mi novela, escribí 245 mil carácteres en 155 páginas, 42 mil palabras, todas sacadas de mi mente. Nada comparado con mis pequeños cuentos de sólo mil palabras. Nunca antes había estado tan agotado mentalmente, y eso fue por mi terquedad, por pensar que iba a ser sencillo.

Mi novela consta de 3 partes, las dos primeras fueron extraordinarias, la tercera, por ser escritas en límite de tiempo, no estoy tan seguro. En la mitad de la tercer parte, tuve un bloqueo del escritor terrible. De pronto todo lo que había estado escribiendo hasta el momento me pareció ridículo y que no tenía sentido, y que las ideas que me venían lo empeorarían todo. En la madrugada del último día, yo estaba en un estado de trance y vacío creativo. Lo normal en ese momento hubiera sido dejar de escribir por uno o dos días, pero yo no podía hacerlo porque no iba a poder participar en el concurso.

Aún así, mi primo Adriano, otro amante de la lectura, me dio ánimos diciendo que un mal final no hace un mal libro. Eso me tranquiliza un poco, porque también he leído grandes libros con finales decepcionantes. Aunque sé que ese no es mi caso, que mi final no es malo, sólo que en un estado más consciente lo hubiese terminado mejor.

También me di cuenta que escribir es maravilloso. Es lindo crear historias, personajes y mundos. Yo no creo en el talento, ya que pienso que la práctica lo es todo, pero si tuviera que aceptar que tengo un talento, sería el de ser creativo, ya que siempre lo he sido desde primaria. Pero ni mi creatividad hubiera sido suficiente si no hubiese visto tantas películas y leído tantos libros, además de haber escuchado tantas historias en podcast o en youtube. Cada información recibida desde cualquier medio, cada persona que ha impactado en mi vida, e incluso cada mascota que he tenido, todos han sumado para que pueda escribir mi novela.

He tenido que usar un nuevo seudónimo para este concurso, que no permite decir el nombre de la novela a menos que sea el ganador, a quien le publicarán el libro y le entregarán dinero.

Y si no gano, igual lo publicaré. Estoy ansioso por eso. (y será gratis).