El mundo está dividido en personas buenas  y malas. La formación de una persona puede depender de 3 factores:

  1. La familia
  2. El entorno
  3. Uno mismo

Nadie puede escoger el tipo de familia que nos tocará, eso no depende de nosotros, mucho menos el entorno, la cual podemos cambiar por decisión propia cuando seamos mayores. Aún así, el entorno influye mucho en nuestra formación temprana, y aquí tiene mucho que ver el gobierno, que está encargado de las escuelas, los hospitales, la seguridad ciudadana y el mismo trato con la sociedad en la que vivimos. Pero ninguno de estos dos factores, la familia y el entorno, determinan completamente nuestra forma de ser. Somos nosotros mismos los que decidimos qué camino tomar. Como humanos, tenemos el regalo de poder desarrollar nuestra personalidad y también, la capacidad de poder cambiar.

El concepto del bien y el mal juega un papel muy importante al momento de poder cambiar. Lamentablemente, creo yo, que a partir de cierta edad adulta, las personas malas ya no pueden cambiarse al bien. Los políticos corruptos, los asesinos seriales, los terroristas y los narcos tienen algo en común: su concepto del bien y el mal están completamente distorsionadas y no sienten ningún sentimiento de culpa al hacer sus fechorías. Esas personas ya no van a cambiar. Y si alguien lo hace, significa que nunca dejó de ser bueno y que las circunstancias de la vida lo confundieron.

El momento indicado de cambiar es cuando aún somos jóvenes, cuando nuestra vida está llena de errores y lecciones. Solo basta de un poco de sentido común y dejarnos llevar por la bondad natural que crece en nuestros corazones, aquel que nos dice si algo es correcto o no. Ni la familia ni el entorno pueden definir quien realmente somos, la vida sería totalmente injusta si ese fuese el caso. A veces basta con una película, un libro, rescatar un perrito, ayudar una anciana o tener una bonita amistad para conocer el bien, sentirlo en nuestro interior y tratar de buscar ese sentimiento en cada acción de nuestras vidas.

Hace unos meses vi una película de animación japonesa, “The Silent Voice”, en la cual el típico niño abusador de la escuela, a raíz de los golpes que le dio la vida por sus mismas acciones, intenta cambiar y remediar sus errores disculpándose y buscando ser amigo de la chica a la que tanto molestó. Una hermosa película, la cual presto una escena para colocarla como imagen destacada de esta entrada.

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