CUENTO N° 1

—¿Estás seguro de lo que estás a punto de hacer?— preguntó Fred
—En mi vida he tenido momentos de seguridad, confiar en mis decisiones me han llevado hasta donde estoy, pero el sentimiento que tengo ahora es incomparable, es una sensación que nunca he tenido. Siempre he imaginado el momento en que tome esta decisión y es tal como lo estoy sintiendo. Ha llegado la hora, mi amigo.
—Pero Terran, ¿Tu esposa? ¿Tus hijos? ¿Tus empresas?—continuó Fred
—Ellos entenderán, Betsabé es una mujer increíble, ella se encargará de las empresas, con tu ayuda, claro. Mis hijos y ella sabían de mis planes, sabían que algún momento llegaría y que debían estar preparados para apoyarme. Lo que estoy haciendo es completamente necesario, es la continuación de mi camino, es para lo que he trabajado tanto tiempo.
—Entiendo Terran, entonces, ¿qué es lo que sigue?
—Pues mañana viajo, solo faltaba despedirme de ti.

Efectivamente, Terran ya se había despedido de todos sus amigos y de su familia, quería pasar en soledad sus últimas horas antes del viaje haciendo lo que solía hacer en sus tiempos libres cuando era joven: escribir, cantar, entonar la guitarra o mirar alguna buena película.

A la mañana siguiente, Terran abrió los ojos y de inmediato empezó a preparar su maleta, o mejor dicho, su mochila. Preparó todo lo que el creyó necesario. No llevó ninguna tarjeta de crédito, solo su documento de identidad y una gran cantidad de efectivo. El creyó que cierta cantidad era suficiente y que no iba a necesitar más, después de todo, todos los pasajes ya habían sido comprados con anterioridad.

Una vez en el aeropuerto, Terran esperó pacientemente la hora de su vuelo. Sentado, observaba a las personas ir y venir. Terran era un amante de la apreciación de la vida. En ningún momento agarró su celular para distraerse un rato, y eso que tenía dudas en llevar ese dispositivo a su viaje, pues sabía que estos aparatos pueden desviar nuestra atención de las cosas más importantes como la lluvia, las estrellas, la familia y la vida misma. Solo en el aeropuerto se pueden apreciar muchas cosas, el amor a un ser querido, los abrazos, las lágrimas, las preocupaciones, los “llámame cuando llegues”, etc. Terran observaba todo esto hasta que se dio la llamada a los pasajeros del vuelo 42 para ingresar a la sala de embarque.

Terran disfrutó y sintió cada segundo, cada metro que lo separaba del avión y la brisa que rozaba su mejilla al caminar. Lo había logrado, sus planes, a pesar de haber sufrido alteraciones, lograron llevarlo a su meta. Cada lágrima, sudor y herida había sido por algo. Cada alegría, decepción, preocupación y celebración habían sido necesarios. Cada persona que había conocido, cada amigo adquirido y cada amor perdido eran fundamentales para desarrollarlo como persona. Cada libro leído, cada película vista y cada poema escrito lo llevaron a ser el Terran Wood que estaba sentado en el avión, a la espera del comienzo de su aventura.

—Bienvenido al Cusco, esperemos que disfrute su estadía— dijo la azafata.
—Muchas gracias— respondió Terran con una sonrisa.