Cada mañana te levantas, a veces cansado, a veces con entusiasmo, a veces ambos. Sabes que tienes responsabilades, todos lo tienen. Pero tú tienes un deber sagrado, uno muy especial. Este deber te da mucha fuerza para continuar.

Siempre intentas dar lo mejor de ti. Puedes fallar, lo has hecho muchas veces. Te has caído y te has levantado en incontables situaciones, pero siempre tomaste impulso para seguir adelante. Ahora estás más fuerte, seguro lo notaste. Tus heridas ya no tardan mucho en curarse. Entiendes que esas luchas, caídas y victorias, fueron completamente necesarias para tu desarrollo.

A veces recuerdas algunos pasajes tormentosos. Piensas que lo pudiste haber hecho mejor. Incluso en el presente cometes errores, cosas que creías ya haber superado. Esperas que los demás te entiendan, que te tengan paciencia. Tú siempre eres amable con todos, sabes que es lo correcto. Quizás no siempre lo fuiste, pero ahora sí lo eres. Se ha vuelto en una práctica constante de la que estás orgulloso. Si le has hecho daño a alguien, nunca fue con intención. Quizás hubo algunos actos de inmadurez y algunas personas resultaron afectadas, pero si tuvieras la oportunidad, seguro te disculparías.

Estás en proceso, estás en desarrollo. Tienes mucho que aprender. La vida te está presentando personas que tienen mucho por enseñarte y te sientes muy afortunado al respecto. Todavía no eres un hombre, no el concepto de hombre que tú tienes. Para ello tienes que solucionar muchos problemas, la mayoría de ellas están en ti. Ya alguien te dijo que está bien que pienses en los demás, pero no te debes olvidar de tu persona.  Hay cosas por mejorar. Eres solo un muchacho, y por mientras, disfruta serlo.