Hace unos días mi madre me decía que me hacía falta ser parte de grupos juveniles para socializar con jóvenes de mi edad y ayudar a los más necesitados. A mí me parece muy bien que existan esos grupos, son un bien para la sociedad, pero yo particularmente no necesito nada de eso ahora mismo. Tal vez mi madre cree que me faltan amigos, pues se equivoca, tengo más de los que meresco. Tal vez ella crea que me hace falta ayudar a las personas. Puede que allí tenga razón, pero no del todo. Muchos de esos grupos altruistas organizan eventos para ayudar a niños y ancianos, limpian las calles, brindan charlas educativas, etc. ¿Pero qué pasa si un integrante de esos grupos tiene comportamientos racistas con un compañero de trabajo? ¿Qué pasa si otro integrante acosa a una compañera de la universidad? ¿Qué pasa si un integrante es bueno con los niños pero maltrata a los perros de la calle? ¿Qué pasa si otro integrante, luego de ayudar a los ancianos, entra a su computadora a jugar Dota 2 y comienza a insultar a sus compañeros por una mala partida? Como ven, ser parte de un grupo juvenil u organización altruista no te garantiza ser buena persona, y mucho menos ser una mejora para la sociedad. ¿O me equivoco?

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No estoy en contra de la existencia a de esos grupos y organizaciones, para nada. Es un camino hacia el altruismo. El más común. El más fácil. El que lleva años entre nuestras sociedades luchando por un cambio, pero siguen sin dar los frutos esperados. Todavía existen perros y gatos callejeros, aún hay pobreza, aún hay niños trabajando, aún hay desempleo, aún hay hombres maltratando a las mujeres. No importa cuánto trabajen o protesten, los problemas siguen existiendo y no parecen disminuir. Lamentablemente, de nada sirve que tantos grupos, organizaciones u ONGs trabajen por un bien social cuando las personas en el poder no comparten las mismas ideas. Por fortuna, existe otro camino hacia el altruismo.

El segundo camino es aquel que yo escogí. Y conozco a otras personas que están haciendo lo mismo. Mientras otros invierten sus tardes haciendo labores sociales, nosotros estamos en nuestros asuntos. Desarrollándonos internamente, conociendo, madurando, trabajando. Sí, trabajando. En este camino tenemos que respetar nuestros planes, y vaya que es un trabajo duro respetar nuestros planes. Los que han elegido este camino saben lo que es correcto y actúan con bondad en todos los pasajes de la vida cotidiana. Este camino solo te dirige a un destino. Al poder. Tenemos dos misiones, el de llegar al poder, que es el más fácil, y el más complicado, el seguir siendo buenas personas. El mundo va a cambiar cuando las personas en el poder sean personas de bien.

Los políticos corruptos o los grandes empresarios que malgastan su dinero no invirtieron sus años de juventud en grupos altruistas. De haber sido así, no hubiesen llegado a donde están. Lo máximo que hubiesen podido llegar es ser presidente de los Rotaract, aquel que organiza las fiestas de su aniversario. Lo que necesitamos son personas que trabajen en silencio, que respeten sus planes, que sean inteligentes, que sepan muy bien lo que quieren, que lleguen al poder, y que sobretodo, sean buenas. Yo soy una de esas personas, y trabajo diariamente para llegar a mi meta. Estoy seguro que no soy el único.

¿Qué camino elegirás tú?