El nautilanismo no tiene 10 mandamientos, tiene solo 1. ¿Para qué más? No hay razón para complicarse, la vida ya es suficientemente dura y difícil sin nuestra ayuda. El mandamiento nautilano o el deber nautilano, como quieran llamarlo, es simple y a la vez poderosa.

 

No sabemos nada. Ni de dónde vinimos, ni a dónde vamos. Mucho menos para qué estamos aquí. Cada humano le da sentido a su vida, todos tenemos la libertad para hacerlo. Algunos usan esa libertad para hacer cosas malas,  y otros, cosas buenas. Darle sentido a nuestras existencias es lo mínimo que podemos hacer. Ya sea ayudando a los niños pobres, recogiendo perritos de la calle, siendo un cantante famoso o protagonista de las mejores películas. Mientras hacemos todas estas cosas, muchas veces cometemos el error de pensar sólo en nosotros y sin pensarlo, podemos perjudicar a los demás. Por eso todos tenemos que hacer algo, o deberíamos. Todas las personas tenemos un único deber y responsabilidad, un único mandamiento: hacer lo correcto.

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Es así de simple. Alguien que hace lo correcto puede cambiar el mundo para bien. Muchos quizás pueden decir que lo “correcto” puede depender de la moral o la ética de cada sociedad o cultura. Puedo decir que esa afirmación es errónea. Me estoy arriesgando al decir esto, porque como todos, no sé nada. Pero soy el primer nautilano que tiene un blog en wordpress y tengo que tomar ciertos riesgos. ¿Por qué digo que esa afirmación es errónea? Pues porque hay algo que sentimos luego de hacer lo correcto: paz interior. Imagínense que yo soy el patriarca de una tribu y tengo que sacrificar a mi propia hija para que nuestro Dios nos brinde climas favorables para mejorar nuestra cosecha. ¿Creen que voy a sentir paz interior luego de hacerlo? Voy a sentir cualquier cosa menos paz interior. Y me van a disculpar, pero si existe alguna tribu que hace esas cosas, simplemente nadie en ese lugar está en sus cabales.

El concepto de lo “correcto” no siempre es el mismo en todas las personas, lamentablemente. Con el pasar de los años, combinamos nuestras decisiones a temprana edad y lo que nos enseñan nuestros padres con las películas que vemos, los libros que leemos, la realidad que observamos y las conversaciones con nuestra consciencia. Todo esto nos ayuda a definir nuestro concepto del bien y el mal. Los terroristas, asesinos y corruptos pueden sentir muchas cosas, desde placer hasta satisfacción, pero nunca paz interior. Eso solo lo sentimos los que hacemos lo correcto.

Una vez que alguien hace lo correcto y siente esa maravillosa sensación de paz, lo quiere sentir siempre. Aunque muchas veces, a lo largo de nuestro camino, tendremos que tomar decisiones duras que nos pondrán a prueba.  Por ejemplo, si le cuento a alguien que maté a una persona, ésta se asustará y me verá con otros ojos. Pero ¿y si le digo que mientras caminaba por la calle vi a un hombre queriendo secuestrar a un niño, y que yo me acerqué a defenderlo, luchando cuerpo a cuerpo, viéndome en desventaja porque éste tenía una navaja y yo no, y que mientras forcejeábamos no me quedó otra opción que introducirle el arma blanca en su pecho, ya no solo por salvar al niño, sino a mí mismo.? Entonces todo cambia. Muchas veces el acto en sí puede sonar mal, pero el contexto modifica todo. Hay decisiones difíciles que nos ayudan a ser mejores hombres y mejores mujeres. Y si lo que hicimos no estaba bien, si creímos que teníamos otra opción, pues se aprende de los errores. Al menos nuestra consciencia está trabajando para que la próxima vez sepamos qué es lo correcto.

Es así. Es lo único que tenemos que hacer mientras estamos en este mundo. Hacer el bien por nosotros, por los demás y por nuestra paz interior.