Se miró al espejo y pensó “me veo bien”. Bajó por las escaleras y vio a sus padres en la sala, ambos mirándolo con ternura. Era un niño todavía, un niño elegante. A sus 16 años, Alonso se consideraba el más maduro de toda su promoción, con quienes hoy se vería por última vez. Era la fiesta de graduación.


Alonso era un chico normal. No sobresalía en los cursos ni mucho menos era el terrible de la clase. Siempre fue un niño correcto, y los profesores lo querían. También era querido por sus compañeros, siempre se hizo respetar y nunca tuvo problemas con alguien. Incluso los bravucones sabían que no podían meterse con él. Se juntaba con un grupo de amigos a quienes consideraba más maduros que la media. Sus charlas se basaban en temas importantes, a veces filosofaban, y en ocasiones hablaban de música, ánime e incluso jugaban DOTA 2. Alonso sabía diferenciar muy bien las cosas, tenía tiempo para las cosas serias y también sabía divertirse. Al fin y a cabo, solo tenía 16 años, no podía exigirse mucho. En ocasiones escuchaba “Vienna” de Billy Joel para tranquilizarse.

Era la última vez que vería a todos sus compañeros reunidos. ¿Los extrañaría después? Claro que no. Quizás a sus amigos, pero a los demás no. Es decir, la vida continúa, y cada vez se va a poner más difícil, es inútil ponerse triste. Alonso incluso no quería ir a la fiesta. No le gustaba bailar. Admiraba el arte del baile, pero no era lo suyo. Además, la música que colocarían en la fiesta no era de su agrado. A sus amigos los podría ver luego. Nada lo motivaba a ir a la fiesta. Además, no tenía pareja. No tenía con quién ir. Tenía una hermana, pero ir con ella sería humillante. Ir con ella solo demostraría a los demás que Alonso, el chico tan respetado y correcto, no tenía una amiga o una novia con quién ir a la fiesta. Por lo que el veía, él era el único que no tenía pareja, todos, incluso sus amigos, ya lo tenían. Alonso ya le había dicho a sus amigos y a sus padres que no asistiría a la fiesta.

Pero Alonso no contaba con que la chica más hermosa de la escuela le pidiera ir con ella.

Así es, ella tuvo que pedírselo a él. Faltando solo dos días para la fiesta. El no pudo decir que no. Así que cambió sus planes.

Melanie era, según la opinión de la muchachada, la jovencita más hermosa de la escuela. No solo era atractiva, sino que era la más aplicada de toda la clase. Era admirada por sus compañeras, y supo ganarse el respeto de los chicos, nunca nadié se atrevió a molestarla. Y si alguna vez alguien lo hizo, la primera fue la última. El padre de Melanie era el alcalde del distrito, asi que ella también era conocida por ser la hija del alcalde. Ella siempre observaba a Alonso, lo veía el más maduro de toda su promoción, pero nunca se atrevió a hablarle. Vio en la fiesta de promoción su gran oportunidad, y al escuchar que Alonso no tenía pareja, quizo correr el riesgo. Ella creía que Alonso lo valía. Si había un chico en toda su promoción que merecía que la chica diera el primer paso, era Alonso.


“Escuché que le gustan las películas clásicas” dijo Melanie.

“Seguro es un caballero”, respondió su madre, mientras la ayudaba con el maquillaje.

“Claro que lo es. Él insistió en venir a la casa y conocerlos a ustedes. ¿Qué chico en estos tiempos hace eso? No conozco a nadie más que pueda tener la decencia, la valentía o incluso un buen tema de conversación”


Alonso fue a la casa de Melanie acompañado de su madre, con ella manejando, obviamente.

“¿Sientes nervios?” preguntó su madre

“Un poco, pero es normal, hoy es el gran día”, respondió.


Al llegar a la casa de Melanie, fueron recibidos por su padre, el Alcalde de la ciudad. Luego de una pequeña conversación, el padre vio al chico como un buen muchacho, decidido, centrado y bien educado. La madre de Alonso no podía ocultar su orgullo al ver al caballero que crió. El alcalde pidió unos minutos a solas con Alonso, a lo que él y su madre aceptaron.

“Espero que cuides a mi hija y la respetes”

“Por supuesto señor, no se preocupe, la cuidaré  y la respetaré, a mí me han críado con valores y principios, jamás le haría daño a ninguna mujer, y mucho menos a su hija. Mi misión es que ella se divierta esta noche, la dejaré pasar tiempo con sus amigas y estaré dispuesto cada vez que quiera bailar.”

“Muy bien muchacho, así me gusta”

Mientras conversaban, escucharon a la madre de Melanie gritar que la joven ya estaba lista para partir. Todos se reunieron en la sala mirando la escalera, esperando verla bajar.

Y allí estaba ella. Se había rizado el cabello, y tenía puesto un vestido hermoso. En ese instante, Alonso pensó que no era la chica más hermosa de la escuela, era la mujer más hermosa del planeta. Que suerte tenía. Cualquier tipo daría su vida por tenerla una noche como su pareja. Se sentía muy afortunado, y a la vez, sentía mucha responsabilidad por protejerla. Era su niña bella, como la canción de Pedro Suárez-Vertiz, debía cuidarla y encargarse de que ésta sea la noche más bonita de su vida.


Alonso ingresó al baño, se miró al espejo y dijo “Qué gran sueño tuve”, mientras recordaba que no formó parte de su fiesta de graduación.

3 comments

  1. ¡Muy buen relato! aunque con triste final… el poder de los sueños eh, uno se acaba imaginando cada escenas que tela!
    Pd: No me sabía la canción que mencionas en el final de relato, ahora le daré un toque

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    1. Muchas gracias SrShan si de verdad lo has leído todo. Todos mis cuentos gozan de ese estilo, un ligero final sorpresivo, además de estar redactados bajo el marco de mi filosofía, la cual trato de simplificar dentro de mis cuentos. Esa canción de Pedro SV es bonita, tiene mejores, pero “la niña bella” era la indicada para el cuento. Gracias por comentar, eres el primero en hacerlo en mi blog.

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      1. Un muy buen estilo pues, personal y elaborado.
        Me alegro! Aunque ante tu buen trabajo muy seguramente no seré el único en comentarte a corto término👏🏼

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