Alfonso abrió los ojos. Vio hacia arriba y no pudo ver el cielo, literalmente. Pudo notar de que no estaba en el planeta tierra. Solo le bastó unos segundos para entender dónde estaba. A su mente llegaron imágenes de su hijo agarrando su mano. Pudo recordar que no tenía fuerzas para abrazarlo. Ya todo estaba muy claro, hace unos pocos minutos, él estaba agonizando.

El tipo dijo “Estoy muerto, jaja”.

Alfonso había tenido quizás la mejor de las vidas. Millonario, filántropo, científico, artista, e incluso fue presidente de su país. No sólo eso, sino que también era muy querido por su pueblo y por la humanidad en general. Era conocido en todos los rincones del planeta, niños de distintas naciones y culturas tenían su imagen pegado en su cuarto, lo veían como ejemplo y las madres no podían quejarse. Fue ganador del premio nobel de la ciencia, luego de ser parte del equipo que descubrió la cura definitiva de todos los tipos de cáncer. También ganó el Oscar a mejor director dos veces, luego de dirigir las adaptaciones de dos libros de Julio Verne: “Un capitán de 15 años” y “Miguel Strogoff”, componiendo también la banda sonora de ésta última y siendo nominado a un Grammy.

Sin duda alguna, Alfonso tuvo una vida digna de ser comparada con la de Forrest Gump. Tuvo una buena infancia, tuvo muchos amigos, creció con su hermana y tuvo la compañía de tres perros, una hembra se llamaba “Moica”, un hermoso animal que lamentablemente sufría de muchas enfermedades, pero era muy cariñosa con Alfonso, y él la quería mucho. En muchos momentos difíciles de su vida, él encontraba la fuerza de seguir adelante en el recuerdo de su abuelita, pero sobretodo en Moica, porque ella era toda una luchadora.

Conoció una gran mujer a los 25 años, quien lo acompañó en todos los momentos de su vida y que falleció antes que él. A los 40 años, él ya era millonario, llegó al éxito respetando todos sus valores y principios, no hizo daño a nadie, o al menos nunca tuvo la intención. Fue quizás uno de los primeros magnates que además de tener buenas cuentas bancarias, también tenía buen corazón. Donó gran cantidad de su fortuna a la caridad y a buenas causas, pero no se compara con la gran cantidad de trabajos y escuelas que creó, mejorando considerablemente la sociedad en la que vivía, y que posteriormente contagió a las sociedades de otros países.

Junto con su esposa, adoptó 3 niños, criándolos correctamente, influyendo en ellos las buenas costumbres y valores, además del amor hacia el arte y la ciencia.

A los 50 años, dejó sus empresas temporalmente al mando de su esposa y algunos amigos. Él confiaba completamente en ellos. Él sabía lo que hacía. Luego de ordenar sus cosas, hizo un viaje alrededor del mundo, conociendo culturas y observando realidades, para finalmente reunirse con monjes tibetanos y meditar en tierras remotas durante 2 años. Cabe resaltar que Alfonso era parte de una corriente filosófica que en sus tiempos obtuvo mucha fama y que fue adoptada por gran parte de la población mundial, mejorando la humanidad considerablemente. Luego de su viaje espiritual, Alfonso postuló a la presidencia de su país, ganó y fue considerado uno de los mejores presidentes. Luego de ser un líder nacional y mundial, siguió viviendo su vida plenamente, hasta pasar sus últimos años de vida junto a su mujer, en algún lindo rincón del planeta.

 

-Bienvenido Alfonso, ¡te esperé unos 84 años! No estaba tan emocionado en ver a un humano desde que vino Clint Eastwood.
-¿Acaso eres…..?
-¿Dios? Soy algo parecido, pero no soy ese del que hablan en sus biblias.
-Vaya…Pues, un gusto en conocerte.
-¿Has tenido una gran vida, no? Los humanos te van a extrañar
-Creo que sí, la verdad no puedo quejarme
-Supongo que extrañarás mucho a tus hijos y a tus amigos.
-Sin duda, hablando de eso, tengo muchos amigos que ya fallecieron….
-Sé a lo que te refieres, quería hablarte de eso. Has sido una buena persona durante toda tu vida, has hecho lo correcto y te mereces el mejor de los tratos en ésta dimensión. Verás, hay muchas dimensiones y estás en la de los recién muertos, el enlace hacia las demás dimensiones. Al haber sido un buen tipo, puedes elegir a cuál quieres ir.
-¿Cuáles son las dimensiones?
-Hay muchas, la de los humanos buenos, la de los humanos malos, animales, aliens, etc. Supongo que irás al primero, tienes todo el derecho. Allá verás a tu esposa y a todos tus amigos que se te adelantaron, y vivirán felices en la eternidad.
-Entiendo. Permíteme pensar en mi elección.
-Tómate tu tiempo, solo tienes que escribir en este papel cuando decidas.

Alfonso agarró el papel y pensó durante unos minutos.
-Ya está- dijo Alfonso con una sonrisa emocionada y con unas pequeñas lágrimas en los ojos.

El pseudo-Dios cogió el papel, vio su elección y quedó sorprendido.
-Una vez entrado a una dimensión, no puedes ir a otra. ¿Eres consciente de eso?
-No lo sabía hasta que me lo dijiste, pero no me importa. He tenido una gran vida y no puedo pedir más. He tenido todo lo que se puede tener, a excepción de una cosa, un único deseo que era imposible cumplir y que ahora lo veo posible.
-Eres un tipo muy peculiar, Alfonso, adelante, la dirección hacia tu dimensión es por allá.

Alfonso caminó hacia la dirección indicada, atravesó una puerta y pudo ver un paisaje hermoso, muy parecido a su querido planeta Tierra, vio el cielo, los árboles y el suelo.

Empezó a correr por un campo y de pronto escuchó un sonido que casi paralizó su corazón, como si estuviera vivo, como cuando era un niño. Sintió una ligera vibración en el suelo, volteó y ahí estaba ella.

¡Moica!– exclamó Alfonso mientras la abrazaba y rompía en llanto.