Muchas veces nos preguntamos ¿por qué sufrimos?. Como a muchas otras incógnitas de la vida, no hay respuesta concreta.

Para llegar a este mundo, nuestra madre tuvo que sufrir el parto. Para que nuestra madre esté embarazada, ha tenido que vivir una vida, una vida dura. Es así para todos. Quizás ella de niña perdió a su abuelita y lloró todo un día, de adolescente sufrió el acoso de sus compañeras y de grande fue víctima de hombres que jugaron con sus sentimientos. Obviamente tuvo también momentos muy felices, siendo el más destacable aquel en que te tuvo por primera vez en sus brazos.

Hay personas que sufren peores cosas, quizás tú y yo estamos pasando por momentos difíciles y los demás no lo saben. Incluso a veces podemos observar a otros y creer que tienen una vida fácil y perfecta. No es así, ellos también tienen complicaciones, aunque tal ves no tan duras como las nuestras.

El sufrimiento es parte de la vida, ya sea como parte del equilibrio universal o de la naturaleza humana.

Ahora, ¿por qué esta entrada se llama Empatía? Porque es justamente el mayor premio que obtenemos después del sufrimiento.

Haber pasado por tantas cosas en la vida y haber superado tantos problemas te ayudan a tener una visión holística de la humanidad, a comprender a los demás, imaginar lo que sienten y saber por lo que están pasando. Te ayuda a ser maduro, a no burlarte de nadie ni juzgar sin saber. Incluso al saber el problema por el que alguien está pasando, no lo juzgas, lo entiendes.

Absolutamente todos pasamos por momentos difíciles, el superarlo y aprender de ello nos permite ser empáticos, para comprender y ayudar a los demás, siempre sin pedir nada a cambio.

Si ahora estás pasando por un momento difícil, sé fuerte y aguanta, porque el sufrimiento es temporal y la recompensa es grande. Vas a ser una persona comprensiva y dura a la vez, porque los problemas aumentarán su dificultad, mayores obstáculos se levantarán y tú los vas a superar, como siempre.